
La palabra "electrolito" tiene fecha de nacimiento: 1834. Michael Faraday, estudiando cómo la electricidad descompone las sustancias disueltas, necesitaba nombres nuevos y le pidió ayuda a William Whewell, un filósofo que además inventaba palabras. De esa conversación salieron electrodo, ion y electrolito. Faraday no pensaba en el cuerpo humano; pensaba en química. La medicina tardó cincuenta años en entender que era lo mismo.
1832: agua con sal en la vena
Dos años antes de la palabra, en Leith, Escocia, un médico llamado Thomas Latta hizo algo desesperado. El cólera mataba a la gente por deshidratación en cuestión de horas, y Latta probó inyectar agua con sal directamente en la vena de una mujer moribunda. Se recuperó lo suficiente para hablar. Lo publicó en The Lancet. Fue la primera rehidratación intravenosa de la historia, y la profesión la ignoró por décadas porque no tenía forma de explicar por qué funcionaba.
1880: el corazón de la rana
Sydney Ringer, en Londres, mantenía corazones de rana latiendo en una solución salina para estudiarlos. Un día latieron mucho más tiempo que lo normal. Descubrió que su asistente había usado agua de la llave en vez de destilada, y que el calcio del agua de Londres era lo que sostenía el latido. La "solución de Ringer", con sodio, potasio y calcio, sigue existiendo y es el antepasado directo de todo suero hospitalario.
1965: el partido de fútbol americano
En la Universidad de Florida, un entrenador le preguntó al médico Robert Cade por qué sus jugadores no orinaban después de los partidos con calor. Cade midió lo que perdían con el sudor y armó una bebida con agua, sal, azúcar y limón para reponerlo. Los Gators, el equipo, le dieron el nombre. Gatorade fue la primera bebida diseñada para reponer sudor, y creó la categoría entera de las bebidas deportivas, con su azúcar incluida.
1968 a 1978: el avance médico del siglo
En Dhaka, dos médicos jóvenes, David Nalin y Richard Cash, probaron que el cólera se podía tratar por la boca, sin vena, con agua, sal y glucosa en la proporción exacta: la glucosa arrastra al sodio a través del intestino y el sodio arrastra al agua. En 1971, en los campamentos de refugiados de la guerra de Bangladesh, Dilip Mahalanabis lo usó a escala y la mortalidad por cólera bajó de un 30% a menos del 4%. The Lancet, en 1978, llamó a las sales de rehidratación oral "potencialmente el avance médico más importante del siglo". Es la misma fórmula que venden en cualquier farmacia chilena hoy por menos de mil pesos.
Lo que cambió después
Las bebidas deportivas se llenaron de azúcar porque en los años 60 nadie la miraba. En los 2000 aparecieron los electrolitos en polvo, sin azúcar, con el argumento de que reponer sudor y reponer energía son dos cosas distintas. Y en los últimos años el uso salió del deporte: calor, resaca, ayuno, turnos, días largos. Nada de esto es nuevo en el fondo. Latta ya sabía en 1832 que sin sal el agua no se queda. Lo que cambió es la comodidad: hoy la sal viene en un sobre.
Dónde estamos nosotros en esta historia
Al final de ella, y con humildad. Irio Boost trae 500 mg de sodio, 380 de potasio, cloruro, magnesio y calcio por sobre, sin azúcar, con vitaminas y fibra prebiótica. La proporción sodio-potasio viene de la misma ciencia que salvó vidas en Bangladesh. Lo nuestro fue quitarle el azúcar, sumarle lo que un día activo pide, y hacerlo rico.
Guía completa: Electrolitos en polvo: cómo elegir bien en Chile.


